El Ukelele de Joseph

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El Ukelele de Joseph

Todo cambia… El estudiante, el docente, la sociedad, la universidad, el conocimiento, la forma de enseñar y aprender, nosotros… Pero si hay algo que no cambia, es la burocracia y la capacidad de motivar el enojo de los tramites bancarios.

Los bancos cuentan con la virtud de cultivar la paciencia o exacerbar el enojo de sus clientes, lo cual, en la sociedad occidental de hoy, no es demasiado difícil lograr el segundo estado.

Hace algunos días tuve la desventura de tener que acercarme a una de estas inquietantes instituciones y mientras espera a ser atendido en la cola del banco conocí a un tal Joseph que dijo ser de la Universidad de Lovaina y, hablando de educación, me revelo de su experimento y de como enseñar de pintura y piano sin tener noción alguna en ambos, logrando resultados más allá de los esperados por los estudiantes. Entre los vaivenes en los tonos de voz, entre quejas y reclamos de los usuarios del banco, Joseph me hablo de la enseñanza universal, de como un maestro explicador aportaba al embrutecimiento, de aprender cualquier cosa y relacionar todo el resto con el objeto de estudio y, de como un maestro, en un aula, tenía como principal función motivar y generar la “voluntad” en el estudiante.

Al igual que Joseph, intento ser profesor… y en la medida que iba escuchando a mi compañero de espera, me cuestionaba como docente y nacían un numero imperioso de preguntas, a las cuales Joseph no pudo responder dado que fue llamado por el sector a Atención al Cliente, de igual manera, me dijo que por cualquier consulta podría contactarme con su amigo Jacques.

Luego de salir del banco sin resolver mi trámite, continué pensando en lo hablado con ese gentil caballero de acento francés que había conocido, y me propuse cuestionar su hipótesis, haciendo un experimento similar al de Joseph, pero con un ukelele… Aún no comprendía ¿Cómo la combinación de ignorancia y la capacitad de fomentar voluntades podrían hacer un buen docente?

En verano, sin estudiantes, se hace difícil llevar adelante este tipo de estudio, pero algunos, por suerte, tenemos hijos y tratamos de enseñar “veinticuatro por siete”. Mi hija Lola sabía tocar guitarra, pero no tenía noción alguna del ukelele, con lo cual le sugerí que aprendiera algunas canciones para compartir en sus reuniones de amigos. Luego de pasado dos meses, la niña solo sabía tocar una simple canción y no tenía conocimiento de los acordes en el nuevo instrumento, con lo cual, Juan (perdón… yo, me presento y paso a ser observador) pudo comprobar lo que había entendido de Joseph, sin su propio deseo, sin motivar la voluntad de una persona que le enseñara y sin una voluntad propia, la niña no había avanzado en la ejecución del instrumento.

Posteriormente, Juan, inicio la segunda etapa del experimento, en donde, luego de buscar y desempolvar el ukelele, le aporto recursos (libro de ukelele), la invito a hacer juntos una canción y le consulto si estaría dispuesta a compartir lo aprendido con su familia.

Como resultado de esta segunda etapa, luego de una primera con una duración de dos meses, se observo que en el termino de dos días, Lola había conocido los acordes base en el ukelele, había aprendido a ejecutar mas de cinco canciones y que las nuevas canciones propuestas por su familia podían ser ejecutadas casi al instante, solo era necesario ver los tiempos en cada nota.

Juan, al ver estos resultados se comunico con Jacques para que le transmitiera a Joseph de los resultados alcanzados luego de aplicar su “método de enseñanza universal”, pero este, sorprendido, le dijo que el único profesor Joseph que conocía era un francés, de apellido Jacotot, que había vivido entre fines del siglo XVIII y mediados del siglo XIX.

Lola, Juan y Joseph, nos deben permitir pensar en una enseñanza en donde comprendamos que el docente que explica sobre un libro a un estudiante no hace más que transmitir sus saberes e ignorancias, los cuales no necesariamente son los “mejores”, los adecuado en el tiempo, o los necesarios para la historia y vida del estudiante. Generando así, un círculo vicioso en donde los resultados son siempre los mismos. Podríamos pensar en un docente generador de temas y problemas, los cuales sean abordado desde distintas perspectivas por los estudiantes y el docente, dentro de un marco teórico versátil, adecuado al momento histórico, que pueda ser defendido sin cuestionamiento alguno.

El docente que explica unilateralmente, dentro de un único marco teórico definido por el mismo, termina diciendo, de manera académicamente justificada, “esto es así”, y no en todos los casos es positivo ni genera valor al entorno social, en donde pondremos a jugar el conocimiento.

¿Se imagina a todos interpretando lo mismo? El mundo no sería redondo, los equipos de fútbol tendrían una sola estrategia de juego, no existiría la palabra creatividad e innovación y la idoneidad se validaría con títulos.

En definitiva, entiendo, con temor a equivocarme, que la motivación, la creatividad y la cooperación; son culturas que debemos desarrollar como estudiantes, docentes, padres, caminantes y organizaciones dentro de una industria y sociedad. Debemos animarnos a ver distinto, con el fin del bien común.

 

Lic. Julián Candermo

 

Gracias Lola, Jacques Rancière y Joseph Jacotot…

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